jueves, 3 de julio de 2025

Del mito al Logos

Para entender la filosofía de un pueblo y de una civilización, es imprescindible referirse 1) al arte, 2) a la religión y 3) a las condiciones sociopolíticas de dicho pueblo.

 1) De hecho, el arte más elevado tiende a alcanzar de manera mítica, mediante la intuición y la imaginación, objetivos que también son propios de la filosofía.

 2) De forma análoga, la religión aspira a alcanzar, a través de representaciones no conceptuales y de la fe, determinados objetivos que la filosofía busca alcanzar mediante los conceptos y la razón.

 3) No menos importantes son las condiciones socioeconómicas y políticas que a menudo condicionan el surgimiento de determinadas ideas, y que en el mundo griego en particular, al crear las primeras formas de libertad institucionalizada y de democracia, han permitido el nacimiento de la filosofía, que se alimenta de modo esencial de la libertad.

 Los poemas homéricos

Los primeros griegos buscaron alimento espiritual sobre todo en los poemas homéricos, es decir, en la Ilíada y en la Odisea (que, como se sabe, ejercieron un influjo análogo al que la Biblia ejerció entre los judíos, al no haber en Grecia textos sagrados), y en Hesíodo.

 Los poemas homéricos ya poseen algunos de aquellos rasgos del carácter griego que resultarán esenciales para la creación de la filosofía.

 a) Los poemas homéricos, aunque están repletos de imaginación, casi nunca entran en la descripción de lo monstruoso y de lo deforme. Esto significa que la imaginación homérica ya está estructurada según un sentido de la armonía, de la proporción, del límite y de la medida. La filosofía elevará estos factores al rango de principios ontológicos (del ser).

 b) Homero no se limita a narrar una serie de hechos, sino que investiga también sus causas y sus razones (aunque sea a nivel mítico-fantástico). Y este modo poético de contemplar las razones de las cosas prepara aquella mentalidad que en filosofía llevará a la búsqueda de la causa y del principio, del «porqué» último de las cosas.

 c) Otro rasgo de la obra homérica consiste en tratar de presentar la realidad en su integridad, aunque sea de forma mítica: dioses y hombres, cielo y tierra, guerra y paz, bien y mal, alegría y dolor, la totalidad de los valores que rigen la vida de los hombres. Escribe W. Jaeger: «Cuál es el puesto del hombre en el universo, que es el tema clásico de la filosofía griega, también está presente en Homero en todo momento».

La religión pública y los misterios órficos

El segundo elemento al que hay que referirse para entender la génesis de la filosofía griega es la religión. Sin embargo, cuando se habla de religión griega es preciso distinguir entre la religión pública, cuyo modelo es la representación de los dioses y del culto que nos brinda Homero, y la religión de los misterios. Entre ambas formas de religiosidad existen numerosos elementos comunes (como, por ejemplo, una concepción politeísta de base), pero también hay diferencias importantes. Ambas formas de religión son fundamentales para explicar el nacimiento de la filosofía, pero, al menos desde ciertos puntos de vista, la segunda forma posee una especial importancia.

Religión pública

Empecemos por mencionar algunos rasgos esenciales de la primera forma de religión. Para Homero puede decirse que todo es divino, porque todo lo que sucede se explica en función de las intervenciones de los dioses: Zeus lanza rayos y truenos desde las alturas del Olimpo, el tridente de Poseidón provoca las tempestades marinas, el sol es transportado por el dorado carro de Apolo y así sucesivamente. Además, la vida colectiva de los hombres, la suerte de las ciudades, las guerras y las paces son imaginadas como vinculadas a los dioses.

Estas deidades son fuerzas naturales personificadas a través de formas humanas idealizadas, o bien son fuerzas y aspectos de hombre que han sido sublimados, hipostasiados y han adquirido semblanzas antropomórficas. (recordemos que Zeus es la personificación de la justicia, Palas Atenea de la inteligencia, Afrodita del amor y así sucesivamente). Estos dioses, por tanto, son hombres amplificados e idealizados y, en consecuencia, sólo difieren de nosotros en cantidad y no en cualidad. Debido a ello los especialistas consideran que la religión pública de los griegos constituye una forma de naturalismo. Por ello, la religión no exige al hombre un cambio interior, o un elevarse por encima de sí mismo (como en el caso del cristianismo), sino, por lo contrario, seguir a su propia naturaleza. Todo lo que se pide al hombre es que haga en honor de los dioses aquello que es conforme a la propia naturaleza. La primera filosofía griega fue tan naturalista como la religión pública griega, y la referencia a la naturaleza se convirtió en una constante del pensamiento griego a lo largo de todo su desarrollo histórico.

Misterios órficos

Sin embargo, la religión pública no fue sentida por todos los griegos como plenamente satisfactoria y esto hizo que se desarrollaran en círculos restringidos los misterios órficos. El orfismo y los órficos hacen derivar su denominación del poeta Orfeo, un personaje legendario. El orfismo posee una importancia particular porque introduce en la civilización griega un nuevo esquema de creencias y una nueva interpretación de la existencia humana. Mientras que la concepción griega tradicional, a partir de Homero, afirmaba que el hombre era un ser mortal y consideraba que la muerte significaba el final definitivo de su existencia, el orfismo proclama la inmortalidad del alma y concibe al hombre según el esquema dualista que contrapone cuerpo y alma.

 El núcleo de las creencias órficas puede resumirse del modo siguiente:

 a)      En el hombre se alberga un principio divino, un alma, que cae en un cuerpo debido a una culpa originaria.

b)      El alma está antes que el cuerpo y no muere junto con él. Está destinada a reencarnarse en cuerpos sucesivos para expiar aquella culpa originaria.

c)      La vida órfica, con sus ritos y sus prácticas, es la única que está en condiciones de poner fin al ciclo de las reencarnaciones, liberando así el alma de su cuerpo.

d)      Para quien se haya purificado (para los iniciados en los misterios órficos) hay un premio en el más allá (para los no iniciados, existen castigos).

 Gracias a este nuevo esquema de creencias, el hombre veía por primera vez que en sí mismo se contraponían dos principios que se hallaban en contraste y en lucha entre sí: el alma y el cuerpo (como tumba o lugar de expiación del alma). Se resquebraja, por lo tanto, la visión naturalista; el hombre comprende que hay que reprimir algunas tendencias ligadas al cuerpo y se convierte en objetivo vital purificar de lo corpóreo el elemento divino.

 Es necesario formular una última advertencia. Los griegos no tuvieron libros sagrados considerados como resultado de una revelación divina. Por consiguiente, no poseyeron una dogmática fija e inmodificable. Además en Grecia no pudo ni siquiera subsistir una casta sacerdotal que custodiase el dogma (los sacerdotes griegos tuvieron una escasa relevancia y un poder reducidísimo). La carencia de dogmas y de personas encargadas de custodiarlos otorgó una amplia libertad al pensamiento filosófico.

 Las condiciones socio-político-económicas que favorecieron el surgimiento de la filosofía

 Se ha puesto de relieve la libertad política de los griegos, en comparación con los pueblos orientales. El hombre oriental se veía obligado a una obediencia ciega al poder religioso y político. Ya hemos mencionado la gran libertad que poseían los griegos en lo que respecta a la religión. También en política los griegos tenían una situación privilegiada, ya que por primera vez en la historia lograron crear instituciones políticas libres.

 Durante los siglos VII y VI a.C. Grecia sufrió una transformación considerable, desde el punto de vista socioeconómico. Antes era un país primordialmente agrícola, pero a partir de entonces comenzó a desarrollarse cada vez más la industria artesana y el comercio. Se hizo necesario fundar centros de representación comercial, que surgieron primero en las colonias. Las ciudades se convirtieron en centros comerciales florecientes, lo cual provocó un aumento de la población. La nueva clase de comerciantes y de artesanos logró paulatinamente fuerza económica y se opuso al poder político que se hallaba en manos de la nobleza terrateniente. La vida pública y el sentimiento de la libertad debía dar al carácter del pueblo griego un impulso que también beneficiaría la actividad intelectual. Con la transformación de las condiciones políticas, se establecieron las bases de florecimiento artístico y científico de Grecia.

 La filosofía nació en las colonias antes que en la metrópoli, porque las colonias, gracias a su laboriosidad y a su actividad comercial, alcanzaron un bienestar y, debido a la lejanía de la metrópoli, pudieron establecer instituciones libres antes que ésta.

 Queda por mencionar un último elemento. Al constituirse y consolidarse la polis, es decir, la ciudad-estado, el griego no la consideró como una traba a su propia libertad; por lo contrario, se vio llevado a verse a sí mismo como ciudadano. Para los griegos el hombre llegó a coincidir con el ciudadano mismo. Así, el Estado se convirtió en el horizonte ético del hombre griego y siguió siéndolo hasta la época helenística. Los ciudadanos sintieron los fines del Estado como sus propios fines, el bien del Estado como su propio bien, la grandeza del Estado como la propia grandeza y la libertad del Estado como la propia libertad.

Si no se tiene presente esto, no se puede entender gran parte de la filosofía griega, en particular la ética y toda la política en la época clásica, y más tarde la compleja evolución de la época helenística.

 (Tomado y adaptado de Reale-Antiseri)

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