jueves, 3 de julio de 2025

El Valor de la Filosofía por Bertrand Russell (Extracto y Adaptación)

Mucha gente, incluso aquellos que disfrutan de la ciencia, a menudo se preguntan sobre el valor de la filosofía. Podrían verla como algo vago, poco práctico y lleno de debates interminables que nunca conducen a respuestas claras. La ciencia, con sus resultados definidos y aplicaciones prácticas, parece mucho más útil. Pero si no estudiamos filosofía, nos perdemos algo muy importante.

El principal valor de la filosofía proviene de su incertidumbre. La persona que no tiene conocimiento de filosofía atraviesa la vida aprisionada por los prejuicios derivados del sentido común, de las creencias habituales de su época o nación, y de convicciones que han crecido en su mente sin la cooperación o el consentimiento de su razón deliberada. Para tal persona, el mundo tiende a volverse definido, finito, obvio; los objetos comunes no suscitan preguntas, y las posibilidades desconocidas son rechazadas con desprecio.

Tan pronto como comenzamos a filosofar, por el contrario, descubrimos —como señalamos en nuestras discusiones anteriores— que incluso las cosas más cotidianas conducen a problemas para los cuales solo se pueden dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque no puede decirnos con certeza cuáles son las respuestas verdaderas, puede sugerir muchas posibilidades que ensanchan nuestros pensamientos y los liberan de la tiranía de la costumbre. Así, aunque disminuye nuestra certeza sobre lo que son las cosas, aumenta en gran medida nuestro conocimiento de lo que podrían ser. Elimina el dañino sentido dogmático de certeza y mantiene vivo nuestro sentido de asombro al mostrar cosas familiares bajo una luz desconocida.

El valor de la filosofía se encuentra, en efecto, en su propia incertidumbre. Las preguntas que plantea la filosofía son a menudo tan fundamentales que aún no se han encontrado respuestas definitivas. ¿Tiene el universo alguna unidad de plan o propósito, o es una colección aleatoria de átomos? ¿Es la conciencia una parte permanente del universo, que ofrece esperanza para un crecimiento interminable, o es solo un accidente fugaz en un pequeño planeta? ¿Son el bien y el mal importantes para el universo, o solo para los humanos? Tales preguntas son planteadas por la filosofía, y diferentes filósofos las responden de manera distinta. Sin embargo, por poca esperanza que tengamos de encontrar las respuestas, es uno de los principales deberes de la filosofía mantener vivas estas preguntas.

Considerar estas grandes preguntas, y darnos cuenta de su importancia, nos hace apreciar lo poco que realmente sabemos. Nos impide ser arrogantes y nos hace pensar con mayor apertura. El mundo, que al principio parecía simple, ahora se vuelve misterioso y maravilloso. Este sentido de asombro es crucial.

Además, la filosofía, incluso si no da respuestas certeras, puede ayudarnos a desarrollar nuestras mentes. Agranda el Yo, lo que significa que amplía nuestra perspectiva y nuestra comprensión. El Yo, al principio, se centra en sus necesidades e intereses inmediatos. El mundo exterior solo es importante en la medida en que sirve a estas necesidades. En contraste, el Yo filosófico aprende a ver el mundo tal como es, sin referencia a sus propios deseos. Valora la imparcialidad y un alcance más amplio del pensamiento.

Todo conocimiento sobre el universo, si es verdadero conocimiento, expande el Yo. Pero el conocimiento que la filosofía proporciona específicamente no es sobre hechos concretos, sino sobre las posibilidades dentro de esos hechos. Se trata de comprender los límites y la vastedad de lo que podemos saber. Nos enseña a pensar en las cosas no solo desde nuestro propio punto de vista estrecho, sino desde una perspectiva más amplia y universal.

En última instancia, el objetivo de la filosofía es proporcionar un tipo de conocimiento que proviene de un examen crítico de las creencias comunes. Nos recuerda que nuestros mundos personales son minúsculos en comparación con el universo entero. Nos enseña que para crecer intelectualmente, debemos liberarnos de la tiranía de las preocupaciones prácticas y los prejuicios personales. Nos anima a contemplar el universo, no solo nuestra pequeña parte de él.

Al hacerlo, la filosofía nos ayuda a convertirnos no solo en mejores pensadores, sino en mejores personas, capaces de una comprensión más profunda y una simpatía más amplia con todo lo que existe.


Fuente: Este texto es una versión adaptada y extractada del Capítulo XV, "El Valor de la Filosofía", de Los problemas de la filosofía (1912) de Bertrand Russell. Se ha buscado mantener sus ideas principales y su estilo accesible, condensándolo para ajustarse al requisito de extensión.


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