En el fondo, pensar algo es pensar su forma. Por tanto,
también el químico que se pregunta qué es el mármol busca la respuesta
averiguando su forma, “carbonato de calcio”, que a su vez es la forma de una
molécula compuesta por carbono, calcio y oxígeno, que a su vez son elementos
con estructuras determinadas…, y así sucesivamente. Bien mirado, decir que todo
es materia equivale a decir que todo es forma.
Pero las ciencias naturales piensan formas estables que
interactúan en un cosmos gobernado por leyes estables, mientras que las
ciencias humanas tienen que orientarse en ese orden disfrazado de caos que es
nuestro mundo. Ese caos es hoy, en gran medida, producto de la ceguera que
resulta de postergar las segundas en favor de las primeras. Como ocurría con
aquel que había perdido una moneda y la buscaba en otro sitio porque allí había
mejor luz: se ponen todos los esfuerzos y esperanzas en los saberes más precisos
y se desprecian (como «hobbies» o actividades inútiles) los realmente urgentes;
se sabe lo necesario para poner un astronauta en Marte, pero se ignora lo que
hace falta para coexistir en la Tierra.
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